La tecnología como medio de protesta

La inusual protesta de los estudiantes del Tec de Monterrey durante la visita del presidente Calderón parece inédita, pero en realidad repite algo ya hecho; la investigadora Rossana Reguillo analiza estas manifestaciones de los jóvenes.

  • 2012-01-15 | Milenio semanal
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Estudiantes protestan en el Tec de Monterrey, en Nuevo León, durante la visita del presidente Felipe Calderón el nueve de enero de 2012.
Estudiantes protestan en el Tec de Monterrey, en Nuevo León, durante la visita del presidente Felipe Calderón el nueve de enero de 2012. Foto: Daniel Becerril/ Reuters

El nueve de enero pasado, los estudiantes del Tec de Monterrey protestaron de una manera singular durante la visita del presidente Felipe Calderón a esa institución educativa en Nuevo León. Los jóvenes se tiraron inmóviles al suelo, simbolizando los cuerpos de los miles de muertos producto de la guerra contra el crimen organizado emprendida por el gobierno. La protesta ni siquiera fue registrada por el Presidente, pero reveló la voluntad de encontrar nuevas formas de manifestar el desacuerdo con la autoriodad.

Seguramente existen más, pero en términos generales podemos decir que son tres los objetivos que guían las manifestaciones en contra del gobierno: exigir la desaparición del gobierno, exigirle respuestas y cuestionar el modo como ha ejercido su autoridad. La resistencia pacífica de Gandhi sería un ejemplo del primer caso, las protestas de Las Madres de la Plaza de Mayo, en Argentina, del segundo y la manifestación de los estudiantes del Tec de Monterrey el tercero. Si bien las formas en que se realizan las manifestaciones de protesta tienen una genealogía definida, en el caso de los jóvenes de hoy, ellos han introducido un elemento inédito: la tecnología.

De estos temas hablamos con la investigadora tapatía Rossana Reguillo. Ella es Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara y el Centro de Investigaciones y Estudios en Antropología Social (CIESAS); integrante del Sistema Nacional del Investigadores y de la Academia Mexicana de Ciencias, ha sido profesora invitada tanto en universidades latinoamericanas como estadunidenses. Entre sus libros se cuenta Estrategias del desencanto. Emergencia de culturas juveniles (Norma, 2000), que es el tema central de sus investigaciones. Este libro, revisado y con un capítulo nuevo titulado “Culturales juveniles. Las formas políticas del desencanto”, aparecerá en marzo próximo bajo el sello de Siglo XXI Argentina.

La investigadora Rossana Reguillo.
La investigadora Rossana Reguillo. Foto: Jorge Alberto Mendoza

EJO: De la imagen que nos muestra cómo protestaron los estudiantes del Tec de Monterrey ante la visita del presidente Calderón podemos derivar dos punto de reflexión: primero, el seguimiento de una historia de las formas de protesta moderna, que para mí comienza con la “resistencia pacífica” de Gandhi, pasa por los estudiantes de diversas partes del mundo en 1968 y llega hasta Las Madres de la Plaza de Mayo; y segundo, las aportaciones que los jóvenes de hoy han hecho a las formas de protestar.

RR: Quizá la única diferencia con respecto a cosas que ya habíamos visto en el país, tiene que ver con que estaban Calderón y el Estado Mayor presidencial presentes. Pero estas formas de trazado de siluetas en el piso y luego tirarse simulando que ellos son los muertos, tiene su antecedente en el trabajo de Las Madres de la Plaza de Mayo durante la dictadura en Argentina. En el país la habíamos visto sobre todo en el caso de Ciudad Juárez, donde muchos de los manifestantes —precisamente jóvenes— habían venido utilizando este tipo de performance callejero. Pero indudablemente el componente a destacar es que se trata de un desafío abierto a la figura presidencial. Es decir, no es un performance cualquiera en una universidad cualquiera, sino que tiene un sentido de oportunidad importante.

En este sentido considero que los avances en las culturas políticas juveniles en los últimos 10 años en el país han sido verdaderamente notables. Hemos visto cómo han ido creciendo en sus formas tanto de participación como de intervención en el espacio público. Porque estos tipos de protesta están vinculadas a la mal llamada “guerra contra el narcotráfico”, pero también hemos visto la efervescencia y movilización en 2009 a propósito del llamado voto nulo, que fue un movimiento esencialmente juvenil, donde hubo estrategias verdaderamente geniales que no se agotaron en las redes sociales; también está esa estrategia que siguieron en Guadalajara, el Distrito Federal y Monterrey, de proyectar en la noche sobre edificios públicos frases alusivas al voto nulo con una creatividad que fue replicada recientemente en el movimiento Occupy Wall Street en Nueva York.

Entonces, tienes un ingrediente muy interesante porque pasa por tres asuntos que son centrales: el primero es que tenemos unos jóvenes cada vez más metidos en lo que sería no la política, sino lo político, que me parece que es una distinción muy importante. Porque efectivamente, la política, en su sentido formal, está muy desprestigiada entre ellos y, sin embargo, vemos su participación cada vez más activa en lo político, que podríamos entender como esa dimensión de lo público y el bien colectivo. Una segunda cuestión es el creciente dominio tecnológico por parte de estos jóvenes, cada vez más globalizados; por ejemplo, en las imágenes del Tec de Monterrey hay aprendizajes muy importantes que hablan, aunque quizá no de una manera absolutamente conciente, de sus vínculos con un mundo globalizado y con tradiciones políticas que desbordan el ámbito de lo nacional y, al mismo tiempo, un manejo muy interesante de las redes sociales y la tecnología, del modo en como disponen del Twitter, de Facebook y de YouTube especialmente. Esa enorme creatividad le da a su propia voz una dimensión no solamente ética sino también estéticamente muy importante. Estas son novedades que no habíamos visto. Y una tercera, es que me parece que son jóvenes, que son herederos de una tradición que empezó en el país muchos años atrás —en los sesenta y en los setenta—, pero cuya línea de transmisión se rompió en los ochenta con el fracaso de los movimientos de izquierda. Estos jóvenes hacen una intervención en el espacio público de una manera muy activa y, sobre todo, muy vinculada a causas y no a organizaciones, y esto es lo más importante, los diferencia de sus antecesores, donde podías ubicar a organizaciones juveniles atrás de las movilizaciones. Aquí lo que tú tienes son causas: los estudiantes muertos, las mujeres asesinadas, los indígenas, la paz, ocupar la Bolsa de Valores… Reiteremos, son causas y no organizaciones las que concitan su mayor interés.

EJO: Hablando del aspecto estético, es claro que todas las formas de protesta son una especie de living theatre, según la expresión que se usaba en aquellos días sesenteros.

RR: Sí, exacto. Yo creo que son procesos sumamente complejos y en buena medida también de carácter global. Es decir, mucho de lo que estamos observando no puede verse solamente desde las tradiciones o las herencias locales. Siento que en este momento, con todo lo de la Primavera Árabe, el Occuppy estadunidense e inglés, etcétera, estamos viendo la emergencia de un sujeto colectivo cuyas formas de identificación política pasan por lugares diferentes a los que pasaban antes. Por ejemplo, un elemento vinculado a las nuevas formas de protesta juvenil que a mí me interesa muchísimo, tiene que ver con el propio nombre que ellos se dan; en muchos de los casos, como se ha visto, se autodenominan indignados. Entonces, la noción de indignados desborda con mucho las identificaciones de tipo partidista o de rol social; ya no estamos hablando del “movimiento estudiantil” o del “movimiento obrero”, sino, digamos, de una forma de identificación subjetiva que, sin embargo, es capaz de convocar en el espacio público a muchos de estos jóvenes. Lo que está en juego con ellos es justamente una noción de la ética muy fuerte, una ética en un sentido de lo colectivo pero profundamente imbricado en la estética, y eso me parece un punto importante a favor de los movimientos juveniles.

Movimiento Occupy Wall Street en Nueva York, el 14 de octubre del año pasado.
Movimiento Occupy Wall Street en Nueva York, el 14 de octubre del año pasado. Foto: Jessica Rinaldi/ Reuters

EJO: Un dato que se ha encontrado es que dentro de estas manifestaciones de protesta las empresas capitalistas están participando activamente en diversos movimientos sociales, como el de la condición homosexual. ¿Hasta qué punto esta participación banalizaría la protesta?

RR: Es muy complicado hablar de ello hasta no tener pruebas en la mano. Por ejemplo, en el caso de Occupy Wall Street se les ha acusado de todo, desde tener una Mac, lo cual no me parece en absoluto un pecado, hasta estar financiados por Soros, etcétera. Entonces yo creo que hay mucha mitología alrededor de esto. No dudo, y eso yo lo dije desde poco antes del año 2000 cuando escribí mi libro Estrategias del desencanto, el mercado ha sido siempre mucho más rápido que el Estado y las autoridades educativas y policiacas para ubicarse justamente en los territorios juveniles.

Fíjate, en la línea de ofertas e identidad, mientras el Estado y la educación apretaban las pinzas y exigían a los jóvenes de finales del siglo XX rutas y formas de habitar identidades específicas como “te toca ser esto” y “te tienes que casar”, un trazado muy cerrado de opciones; mientras el Estado actuaba así, el mercado entendió rapidísimo que por ahí no iba la cosa y abrió inmediatamente el rango y los campos de identificación y las ofertas juveniles. Entonces, no tengo ninguna duda de que el mercado entiende que Occupy Wall Street es una marca importante que puede vender tenis y que Acampar en el Sur, en el caso de México, es una marca importante para vender pantalones de mezclilla. Por supuesto que lo entienden. El asunto es que justamente todos estos movimientos me parece que van más allá de eso. No quiero generalizar en lo siguiente que voy a decir, pero me parece que los jóvenes empiezan a identificar claramente cómo justamente en el mercado están muchos de sus mayores problemas y sus adversarios principales. No es generalizable, pero de todo el tema, es lo último que preocupa en este momento. Me preocupan cosas mucho más serias como el hecho de la vulnerabilidad extrema en la que están millones de jóvenes en el país.

Ernesto Jiménez Olín